Pregúntame

A veces uno da muchas vueltas antes de atreverse a preguntar.

¿Qué van a pensar de mí si pregunto una cosa tan simple, absurda o sin importancia?

¿Estará bien escrita?

Si nadie pregunta, ¿por qué voy a preguntar yo?

 

Otras veces uno se complica pensando en lo que no tiene importancia.

¿Quién es éste que me va a responder?

Él, ¿qué sabe?

Ya conozco la respuesta, ¿para qué pregunto entonces?

 

Y, otras veces, preferimos huir de lo que nos perturba.

No tengo nada que preguntar.

No me conoces, no sabes quién soy ni cómo soy.

A ver qué han preguntado los demás.

 

Pregunta el que quiere saber, y responde el que quiere ayudar a saber. Si tú no quieres saber, yo no puedo ayudarte. Si tú dudas, temes, o piensas que no tiene sentido, yo no puedo ayudarte.

Pero si estás buscando una respuesta, déjame que te cuente la mía, porque a lo mejor te ayuda a encontrar la tuya.

Si tienes una pregunta, házmela. Entra en cualquier texto, haz clic en “escribir comentario” y ponme tu pregunta. No hace falta tu nombre verdadero, ni tu buzón de email; ni siquiera hace falta que esté perfectamente escrita.

Hace falta querer saber, y yo prometo contestarte.