El showman
Tengo 3 hermanos más pequeños y sensatos que yo. O al menos eso es lo que ellos piensan. Cuando publiqué mi primer libro de poemas les regalé uno a cada uno, y de eso hace ya 3 años y medio. Desde entonces, ninguno de los 3 me ha dirigido una sola palabra sobre el tema, ni buena ni mala. Ninguna. Algo parecido sucedió cuando les regalé el CD de Marsh, el grupo de Riz y mío: silencio sepulcral. Uno de los 3 no ha venido a ninguna actuación de las que hicimos, y los otros dos vinieron a la última, un poco de rebote, pero jamás me comentaron lo más mínimo sobre el tema, si les había gustado o si estaba haciendo el ridículo sobre el escenario. Y ahora, con la apertura del cuaderno, fueron de las 47 personas que recibieron mi e-mail de bienvenida, y mi sugerencia/petición de que corrieran la voz a su libreta de direcciones. He hablado con ellos desde entonces, pero no han dicho ni media palabra sobre el asunto. Como si no hubieran recibido el correo.
¿Me odian mis hermanos? No lo creo. Simplemente es una de esas casualidades que se dan en la vida: mis 3 hermanos, los 3, tienen ascendente Leo. Una posibilidad entre 1.728. ¿Saben lo que pasa con Leo? Que no da piropos: los recibe. Un Leo, especialmente si está en el ascendente, siempre disfrutará más que ningún signo de los halagos, pero dará pocos en su vida, y menos si van dirigidos a una persona del tipo éste, ¿qué se cree?. Y hay algo en mi actitud que hace que muchas personas me cataloguen inmediatamente en ese grupo.
Así que mis hermanos jamás me dirán un piropo. Ellos podrán recibir los míos en relación con sus diapositivas de países lejanos, programas informáticos, baloncesto o posición laboral, pero nunca me los darán. Es superior a ellos. Es el Leo.
Me he acordado de todo ésto porque el lunes tenemos que grabar unos spot de juguetes. Más bien tengo que grabar unos spot de juguetes. Y montarlos. Producción integral. Mi socio se mata a diseñar, así que esta es mi parte. Es un tema bastante curioso, y mañana, cuando tenga alguna noticia más, hablaré de él. Es ya viernes, y no tengo la menor idea de por dónde va el asunto: ni qué quieren, ni qué juguetes son, ni qué hay que hacer. Nada. Así que esta tarde me he ido a un centro comercial, a buscar una tienda de juguetes con una televisión que enseña vídeos de algunos en el escaparate, a ver si al menos recibía alguna información allí. No he recibido nada, pero me he encontrado con Paco, un amigo programador al que conozco desde los tiempos del instituto, y con el que he venido comentando nuestros diferentes ir y venir por la vida, muy de tarde en tarde, desde entonces.
El estaba parado con una pareja, hablando, y yo he pasado a toda velocidad por su lado, buscando la juguetería. Le he hecho un gesto con la mirada y un saludo con dos dedos en la frente, un lo siento, tengo mucha prisa. Pero cuando ya había pasado por su lado, me he parado en seco. Al menos saludar, apretón de manos.
- “Estoy buscando una juguetería, un follón, que grabamos unos spot y no hay nada preparado”, le he dicho ya marchándome.
- “Estás hecho un showman”, me ha dicho mientras ya me iba.
Un showman. Me ha visto en la tele, en el concurso de los niños, afeitado, con mi camisa y mi pajarita, de presentador con enanos alrededor. Un showman completo, sobre todo acordándome de la última. Y de la que viene.
La última. Situémonos en el amplio gimnasio de un instituto de secundaria. Dentro de ese gimnasio, sentados en el suelo y repartidos por clanes, es decir, sentaos a vuestra bola, 400 chavales y chavalas de 13 a 17 años, en abril, plena primavera. Ahora sitúense ustedes en el fondo de tal gimnasio, a ras de suelo (ni siquiera una tarima que imponga algo de respeto), sentado a una mesa de instituto en una silla de instituto y con un libro de poemas en la mano. Usted, o sea, yo, va a leer poemas a semejante auditorio. Poemas. Con dos huevos.
¿Ya se animó a sentarse en la sillita con el libro? Pues entonces vamos al remate. Hay un problema con el micro: se apaga solo, a mitad del poema. Hay que levantarse, acercarse al altavoz a 5 metros, apagar y encender, y volver a sentarse. Cuando vuelve a funcionar, sigamos con el poema por donde lo dejamos y recuperemos el clímax. Además, junto a los 400 jóvenes hay también un buen grupo de profesores en la sala que están analizando lo qué haces, puesto que alguien te ha contratado. Y sin micro.
La que viene es la del concierto. Después del recital. El concierto es que ya me he decidido a volver a subir a un escenario a perpetrar los temas de Marsh, sobre todo porque Robert también quiere. Nos lo merecemos: sin presión, llamando a amigos a que se suban con nosotros, y después de un año sin poder componer juntos en el mismo estudio. Así que he buscado el CD de Marsh y carteles antiguos de los otros conciertos, y me he acercado a ver al dueño del local de moda por aquí. No estaba. Mañana visitaré primero a un amigo que tiene varios locales, y después iré a verle.
Así, ahora se acerca la preparación de un concierto, lo que incluye buscar, reunir y ensayar con un grupo, darles material, contratar el sonido, localizar un local, correr la voz, y aprenderse la letra de 18-20 temas. Y luego, claro está, salir a cantarlos. Y ahí estoy yo, con otros dos huevos. Y van cuatro.
En el local, antes de preguntar por el dueño, he estado echando un vistazo: tiene aire de club de jazz-blues, e impone. Tocaba un grupo. Y allí estaba mi amigo Jesús. Jesús es similar a Paco, aunque los últimos años apenas hemos hablado. El año pasado fui a buscarle para que asistiera a alguno de mis conciertos, pero no fue a ninguno. Sólo me compró 10 entradas, aunque lo que yo quería es que viniera.
- Estoy aquí porque Rob, mi compañero del grupo, viene unos días, y queremos dar un concierto. Estoy buscando el sitio. Aunque a tí no te digo nada: no has querido venir a verme, y no vendrás.
- No, yo te compré el disco.
- Bueno, y entradas para el concierto. Pero me dijiste que irías.
Se escapó mirando los carteles antiguos de los otros conciertos.
- ¿Queréis actuar aquí?
- Sí. He venido a hablar con el dueño, lo que pasa es que ésto parece de jazz, con todos los músicos tocando, y nosotros traemos mucho material enlatado.
- No sé, ésto es más de directo, no tan karaoke.
- Bueno, yo canto y él toca teclado, pero en la segunda parte suben dos o tres vientos, y un coro de dos voces femeninas. Nos juntamos 6 ó 7 personas en el escenario.
- Entonces quizá sí. ¿Qué tipo de música hacéis? ¿Tecno?
- No, no es tecno- y entonces se hizo la luz-. Pero, ¿no decías que me compraste el disco? ¿Ni siquiera lo has escuchado?
No. Ni siquiera lo había escuchado. Hacía más de un año que no lo veía, igual que hacía más de 5 que no veía a Paco. Y me he encontrado con los dos el mismo día. A mi amigo Paco, estoy hecho un showman, y a mi amigo Jesús.
Con su ascendente Leo.

18 dEurope/Berlin April dEurope/Berlin 2009 a las 7:53 pm
Bueno siempre es lindo encontrarse con Jesús. Broma.
Que mezcla: amigos, juguetes, adolescentes, escenarios, música, poemas micrófonos que no andan, hermanos, Leo… ¿De que querías hablar? Si ya se, de lo que te duele. Del silencio de tus hermanos. Están, quizás te admiran, quizás te envidian un poco. Lo importante: están, son tus hermanos. Quiérelos, el amor siempre tiene respuestas…