Navidad global
Hace ya semanas que las luces y los adornos navideños alegran las calles. Esta nueva costumbre anglosajona se ha impuesto entre nosotros gracias al inmenso poder de Hollywood como estandarte de la cultura mundial.
No parece haber sido suficiente con destruir nuestra dieta con sus pizzas, hamburguesas y pollo frito, ni con haber cambiado los camellos por renos y a Baltasar por Noel, o con meternos Halloween en la sopa hasta que nuestros niños han empezado a disfrazarse de brujas y demonios, mientras machacaban nuestro viejo Belén, mutado en un tristón arbusto verde y rojo. No. Ahora nos ha caído también la Navidad anglosajona.
Así, de un plumazo, las fiestas favoritas de los niños se nos han adelantado a Noviembre. Supongo que nos iremos acostumbrando en el futuro a ver las estrellitas de bombillas y los renos iluminados antes incluso de que llegue diciembre, porque eso es lo que quiere esta nueva costumbre yanqui que nace de la necesidad de vender, igual que nos hemos acostumbrado a ver a nuestros hijos salir a por gominolas cada 31 de octubre, porque no hay forma de rebelarse.
Lo malo es que me da la sensación de que nos han robado un mes; ese que va desde el 15 de noviembre al 15 de diciembre. Ahora, cada año tiene 30 días menos, porque a mediados del mes más triste del año ya es Navidad, y ya hay turrones, anuncios de juguetes y rifas de jamones, para que el espíritu navideño empiece cuanto antes en nuestros bolsillos.
Jou, jou, jou.
