Adiós, iguana
28 dEurope/Berlin April dEurope/Berlin 2008El tiempo de la noche de la iguana ya pasó, como pasa casi todo en la vida. Ahora estaré en otro cuaderno. Si quieres seguir leyendo las cosas que escribo, sígueme allí.
El tiempo de la noche de la iguana ya pasó, como pasa casi todo en la vida. Ahora estaré en otro cuaderno. Si quieres seguir leyendo las cosas que escribo, sígueme allí.
Hace unos meses mi mujer me recomendó un libro de Coetzee, un escritor sudafricano, premio Nobel. Lo cierto es que me encantó, y me leí otros 6 libros más suyos, hasta que se me fue la fiebre. Y el poso más importante que me quedó fue su defensa de los escritores rusos, en especial Dostoievsky. De hecho, el último libro suyo que leí trataba de un episodio en la vida de este autor clásico, muy bien ambientado en Petersburgo.
Así que lo primero que hice fue rebuscar en la biblioteca hasta que di con Ana Karenina, de Tolstoi. Tardé una semana y media, pero lo terminé, y me dejó muy buen sabor de boca. La verdad es que hemos perdido la costumbre de leer a los clásicos, y es necesario hacerlo en un mundo cada vez más alejado de la filosofía.
Pero yo estaba buscando algo de Dostoievsky, y todo el mundo hablaba, en las enciclopedias y en la red, de Los Hermanos Karamazov. Así que, después de esperarlo desde Reyes (agotado en librerías. ¿Agotado?), por fin cayó en mis manos el día de mi santo. Casi mil cien páginas que inicié a mediados de semana y acabé esta mañana, después de no ir a trabajar y quedarme en el sofá con el libro hasta que llegó la hora de recoger a los niños.
Enfebrecido, esa es la palabra. Llevo dos días aislado del mundo, hasta que lo terminé sobre las 3 y media. Sobrecogido, con ganas de llorar, de pensar y de no pensar. Si alguien no encuentra su sitio en el mundo, se lo recomiendo encarecidamente.
De todo el texto he subrayado 3 párrafos, que transcribo aquí, y que aparecen en esta novela que se escribió entre los años 1878 y 1880:
De los pensamientos del ermitaño Zosima:
“Mi joven hermano pedía perdón a los pájaros: parecía algo carente de sentido, pero tenía razón, porque todo es como un océano, todo fluye y se relaciona, tocas en un punto y repercuté en el otro confín del mundo”
“Por eso dicen los filósofos que es imposible alcanzar en la tierra la esencia de las cosas. Dios tomó las semillas de otros mundos y las sembró en la tierra, cultivó su jardín y brotó todo cuanto pudo brotar, pero lo que creció vive, y vive sólo por el sentimiento de su contacto con otros mundos misteriosos; si este sentimiento se debilita o desaparece dentro de tí, también muere lo que en tí había crecido. Entonces te haces indiferente a la vida y hasta llegas a odiarla.”
El diablo en el sueño de Iván:
“Pero la tierra de ahora puede que se haya repetido ella misma un billón de veces. Se extinguió, se cubrio de hielo, se resquebrajó, se hizo añicos, se desintegró en los elementos constituyentes, de nuevo el agua sobre el firmamento, de nuevo el cometa, de nuevo el sol y del sol la tierra: este desarrollo se ha podido repetir infinitamente, y todo lo mismo, hasta el último detalle.”
Llevo casi 3 meses sin internet en casa. Sé que suena a excusa, pero es muy difícil salir a las 2 de la mañana a buscar una línea desde donde postear.
El otro día escribió aquí un comentario un profesor argentino, un científico cuya misión es preparar a jóvenes para ser científicos. Su historia es la de cualquiera que un día se encuentra de frente el mundo tal como es, y reacciona.
Por un lado, hay quien entiende que esa no es su guerra, que no va a cambiar nada, y hace la vista gorda a costa de su integridad maltrecha. Cada vez son, o somos, muchos más los que aceptamos o acabamos aceptando esta opción.
Por otro lado, hay quien despierta su corazón y grita la injusticia, y entonces se la encuentra de repente en su propia vida. Todos, más o menos, empezamos así.
Que la historia muestre las miserias de la ciencia “oficial” o académica, a la que tantas veces ataco, no sirve para desacreditar sólo a la ciencia, sino al mundo en general, llámese ciencia, periodismo, política… y a sus aparatos de mantenimiento: deporte y prensa del corazón, dinero, compras, miedo. (Y no estoy solo en mi ataque: he estado leyendo “La rebelión de las masas”, de Ortega y Gasset, entre otros muchos libros que he podido terminar porque no había ordenador por las noches),
Al amigo Eduardo le diría que tal vez sea hora de buscar trabajo en España como tantos otros compatriotas, algunos de los cuales ya me han contado lo que cuestan las medicinas en el país hermano y la situación real. Hay que seguir viviendo después de aprender.
Pero no te olvides que ahora, Eduardo, estás limpio. En el dolor, pero tan limpio como para mirarnos y preguntarnos qué estamos haciendo nosotros.
Feliz Navidad para los justos.